Este sábado 18 de mayo, el Equipo de Pacificadores-Ecuador, tuvo la bendición de visitar la Iglesia Menonita Comunidad de Fe, ubicada en Durán, que hoy por hoy, es una de las ciudades más peligrosas del país y de la región. Entre el 1 de enero y el 12 de marzo de 2025, Durán registró 173 crímenes, 72 más que en el mismo periodo del año anterior. En 2024, la tasa de homicidios de Durán (Guayas) superó a la de Puerto Príncipe, en Haití. Durán está atravesada por una lucha intestina de pandillas, el cantón ecuatoriano registra un aumento del 71% de la violencia en medio de la disputa interna de cinco facciones de la banda criminal de Los Chone Killers.
Hablar del Shalom de Dios en medio de tanta violencia, nos desafía a ir más allá de una bonita teoría y saber cómo podemos acompañar de forma práctica y compasiva a esta Iglesia que con valor y compromiso está siendo luz en medio de tantas tinieblas.
El Shalom de Dios, decíamos en el taller, tiene dimensiones espirituales profundas, pero también dimensiones materiales, es decir, el ser humano debe vivir en armonía consigo mismo, debe tener paz interior y bienestar, ese es el primer paso, pero el Shalom no se queda solo en esta dimensión personal e individual, sino que acoge esta dimensión, pero la trasciende a una paz colectiva, comunitaria, en donde las personas pueden disfrutar de tener una tierra sana y que produzca buenos frutos, alimentos en su mesa, dormir sin temor, habitar en seguridad, escuela para sus hijos, trabajo digno (Lévitico 26:1-13). Es decir, una paz en donde haya justicia, como nos dice el Salmo 85:10.
Nos alegró mucho la participación de los hermanos y hermanas de la Iglesia Comunidad de Fe, que fueron llegando a nuestro taller, quizá con algunas expectativas, y con mucha sed de aprender y dejarse tocar por la enseñanza. Varios nos dijeron que la palabra les movió y les dio una nueva y mejor comprensión del Shalom. Pudimos orar juntos y juntas, sentir el Espíritu de Dios tocando nuestros corazones y convocándonos a la unidad en esta tarea tan inmensa de ser sembradores de paz, de una paz duradera, de una paz que no se construye de la noche a la mañana, de una paz de demanda esfuerzo, paciencia, perseverancia y sobre todo amor, porque solo el amor nos moviliza para ir hacia nuestro prójimo, nos ayuda a salir de nuestro egoísmo, nos impulsa a conocer nuevos caminos, sin que el miedo nos detenga y paralice.
El camino de la paz se abre en el momento en que reforzamos la dimensión luminosa del amor, del perdón, de la unión, de la verdad, de la alegría y de la luz.(Leonardo Boff)

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