Mensaje de agradecimiento – Equipo Pacificadores-Ecuador

A pocas horas que este año 2025 termine, como Equipo Pacificadores-Ecuador, queremos dar muchas gracias a Dios por las bendiciones recibidas. Con gratitud profunda, damos gracias por el trabajo por la paz realizado a lo largo de este año. Reconocemos en este caminar compartido una expresión de la fidelidad de Dios en todo momento de nuestras vidas. Cada encuentro, taller y reunión, han sido una semilla del Shalom sembrada en medio de nuestra realidad, recordándonos que la paz se construye juntos, como cuerpo, y que Dios sigue obrando a través de comunidades que eligen ser testimonio vivo del Reino.  

En este sentido, celebramos la realización de la Primera Cumbre de Paz, realizada en El Cusco, Perú, el 22 de enero, un espacio que encarnó la visión de la iglesia como una comunidad discerniente, reunida para escuchar el clamor de los pueblos de Latinoamérica y responder desde el evangelio. Esta cumbre fue un signo visible del Reino de Dios, donde personas de distintos contextos y países se encontraron como hermanas y hermanos, comprometidos con vivir una fe que rechaza la violencia y busca caminos alternativos de vida.

La Cumbre nos permitió nombrar con honestidad la realidad de violencia estructural, social y cotidiana que atraviesa nuestra región, pero también nos llamó a recordar que nuestra esperanza no está en el poder, la fuerza o la coerción, sino en la manera de vivir y enseñar de Jesús. En comunidad, discernimos cómo ser un pueblo que da testimonio de otra forma de habitar el mundo, una forma fiel al Sermón del Monte y a la ética del amor al enemigo.

Asimismo, agradecemos profundamente la realización de los talleres de Teología Bíblica la paz, que realizamos con hermanos y hermanas de las tres conferencias Menonitas de Ecuador.  Estos encuentros virtuales, cada semana, nos permitió conocernos mejor, compartir nuestras historias de vida, nuestros desafíos, preguntas, dudas, nos permitió acompañar, servir y caminar juntos y juntas el camino del seguimiento a Jesús.  Estos talleres no buscaron imponer respuestas, sino abrir espacios de escucha, aprendizaje mutuo y sanación, reconociendo que el Espíritu de Dios ya está obrando en medio nuestro. Cada taller sembró semillas de Shalom, recordándonos que la paz se construye en relaciones restauradas, en prácticas de justicia y en la fidelidad diaria al camino de Jesús.

Aprender como despertar nuestra imaginación profética para ser una iglesia que está llamada a ser luz y faro en medio de la oscuridad, una comunidad contrastante que vive según los valores del Reino de Dios. Aprendimos también que la no violencia no es pasividad, sino una forma activa y valiente de resistencia, arraigada en la esperanza y en la confianza de que Dios sigue reconciliando todas las cosas.

Agradecemos que todo este caminar haya estado profundamente inspirado en la visión del Shalom, ese Shalom que compartimos en la Iglesia Menonita Comunidad de fe en Duran, Guayaquil, en este pueblo en donde el miedo y la incertidumbre se levantan como monstruos amenazando la vida y la paz, sin embargo, Dios nos permitió dejar sembrado semillas de paz, pequeñas pero fuertes, que crecerán y darán fruto.   El Shalom siguió moviéndose, en el taller que hicimos en la Iglesia Menonita Dios Viviente en El Fortin, esta pequeña iglesia que se levanta valiente en medio de la violencia y la oscuridad.  En Portoviejo, nos convocamos para que Shalom también quede en el corazón y en la mente de un grupo de hermanas y hermanos de la Iglesia Menonita Centro Cristiano Vida Nueva. Al final, la Iglesia Menonita Jesús El Buen Pastor, de la Atarazana, en Guayaquil, nos recibió para que reafirmemos que la paz no separa lo espiritual de lo social, sino que integra fe y vida, oración y acción, iglesia y mundo. Un Shalom que nos llama a ser una comunidad fiel, sencilla y comprometida, que encarna la paz como don y como responsabilidad. No queremos olvidarnos de agradecer por haber compartido con el grupo de jóvenes Sembrar de la IEME, en la Iglesia Menonita La Paz, en Manta, fue un tiempo de aprendizaje y desafíos sobre cómo la juventud Menonita puede ser instrumento del Shalom de Dios. 

Oramos para que todo lo sembrado durante este año continúe dando fruto, y que sigamos caminando juntos como Iglesias Menonitas del Ecuador, reafirmando nuestro compromiso con el seguimiento radical de Jesús, la vida en comunidad y el testimonio fiel de una paz que transforma personas, comunidades y realidades.

Damos gracias a Dios por ustedes, por su perseverancia y por su testimonio como artesanos de paz en nuestro tiempo.


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