El conflicto entre Venezuela y Estados Unidos se ha caracterizado por tensiones políticas, económicas y diplomáticas que han impactado de manera directa en la vida de la población civil, generando polarización, exclusión y desconfianza mutua. En este escenario, el mensaje de Jesús sobre la paz y el perdón adquiere relevancia como una propuesta ética y social capaz de ofrecer alternativas a la lógica de confrontación y venganza.

Reconocemos la violencia estructural, política y social ejercida por el gobierno actual de Venezuela, que se manifiesta en la represión, la persecución de la disidencia, el empobrecimiento sistemático de la población que produjo uno de los mayores flujos migratorios y la negación de derechos fundamentales. Esta violencia hiere profundamente al pueblo venezolano y contradice toda noción legítima de autoridad al servicio del bien común.
Al mismo tiempo, desde una perspectiva de la paz y la justicia, afirmamos que la intervención militar externa de EEUU, no constituye una respuesta ética, ni eficaz ante esta crisis. La historia demuestra que las invasiones o acciones armadas promovidas por potencias extranjeras no detienen la violencia, sino que la multiplican, destruyen el tejido social, provocan más muerte civil y socavan las posibilidades de una paz duradera. La imposición del cambio por la fuerza militar carece de legitimidad moral y política.
Como anabautistas, sostenemos que el verdadero cambio no puede imponerse desde fuera ni lograrse mediante la violencia, sino que debe surgir de procesos internos de resistencia civil, justicia restaurativa, verdad y reconciliación. La paz que nace de las armas no es paz, sino una tregua precaria sostenida por el miedo.
Expresamos también nuestra profunda preocupación ante la instrumentalización del sufrimiento venezolano por intereses geopolíticos y económicos, en particular la ambición desmedida de actores externos por el control de recursos naturales. Cuando la vida humana queda subordinada a intereses estratégicos o económicos, se perpetúa una lógica de dominación incompatible con el Evangelio y con una ética auténtica de la paz.
Desde el Shalom de Dios y su evangelio de la paz,afirmamos:
• Que toda acción política debe priorizar la protección de la vida civil y la dignidad humana.
• La misión reconciliadora basada en el amor de Jesús, nos llama a amar hasta a nuestros enemigos. Jesús propuso amar a los enemigos en un mundo marcado por la violencia, la venganza y la exclusión. Esta enseñanza no fue ingenua ni débil; fue profundamente transformadora. Amar al enemigo no significa justificar el mal, sino negarse a responder con el mismo odio que destruye a las personas y a la sociedad.
• La paz y el perdón que promovió Jesús son actos de valentía moral. Son semillas de transformación social porque rompen con la lógica del enemigo y abren caminos donde parecía imposible caminar. En un mundo dividido, esta propuesta sigue siendo una esperanza activa: la de creer que otra forma de convivir entre pueblos y naciones es posible.
• Como comunidades de fe, se nos desafía a serconstructores de paz con justicia, testigos valientes del Evangelio y agentes de transformación social. Solo así podremos honrar la dignidad humana, promover la reconciliación, denunciar la injusticia y opresión y vivir fielmente el mensaje de Jesús en nuestro tiempo.
• Escuchar el clamor de quienes sufren sin utilizar su dolor como justificación para la guerra, orar para que se imponga la paz, se defiendan los derechos humanos y buscar cómo acompañar pastoralmente al pueblo venezolano.
• Rechazar la teología de la guerra y del poder, reafirmando que la fidelidad a Cristo nos llama a cargar la cruz y no a empuñar la espada.
Fieles al Cristo crucificado, que venció no matando sino entregando su vida, afirmamos que la paz verdadera no nace de la guerra, sino de la justicia, la verdad y el amor activo. Oramos y trabajamos por una Venezuela libre de opresión, violencia y dominación externa, donde la vida tenga primacía sobre el poder y donde la esperanza se construya sin armas, sin imposiciones y sin miedo y desde una justicia social y real para su pueblo.
Pacificadores-Ecuador

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